viernes, 30 de mayo de 2014

GIJON: Sus luces y sombras.








Estamos  acostumbrados al color, a la policromía. Rodeados de pantallas destellando, brillantes y luminosas, casi fotofobicas.  Ejercicio de nostalgia aquella televisión, en blanco y negro, de nuestra infancia. Hoy, casi inimaginable.


La ciudad con sus plazas y sus calles también viste su traje de colores. Ya es primavera.  Hay edificios, acristalados, con sus paredes reflejando un mar azul, que torna en verde algunas veces.


Por eso, cuando se apaga el color, y aparece el blanco y negro, tal parece que las sombras se adueñan del ambiente. Y surge así una ciudad casi irreconocible. Pero siempre hermosa, pues al otro lado de la cámara, el ojo del fotógrafo sabe sacarle el duende y toda su belleza. Deja así de estar triste, y reluce una farola en mitad de la plaza. Como siempre….


Así está el “Parchís”, corazón de este Gijón del alma, en una tarde soleada, pues aunque se haya ido el color, siempre queda en ella, la  belleza de la sombra.


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